“Nauseabunda indiferencia moral”

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“Nauseabunda indiferencia moral”

El Jicote, por Edmundo González Llaca.

 

El Presidente se endurece ante el crimen organizado, después de adoptar como política: ”Abrazos, no balazos”, descubrió que los hampones amarraban de las manos y se las ponían por la espalda a sus víctimas, lo que obstaculizaba su línea de abrazos; decidió, entonces, subir la sanción: “Los vamos acusar con su mamá y sus abuelitas”. Ya enfurecido, y sin el menor respeto al vil asesinato de cinco jóvenes, desarrolló su veta profesional disimulada de “Polo Polo” y se puso a contar un chiste. Chiste, si así se le puede llamar, chiste que es capaz de borrarle la risa a una hiena y hundir en depresión al criminal más brutal. Nauseabunda, Nauseabunda, Nauseabunda, Nauseabunda, Nauseabunda

Momentos previos a esta indignante reacción del Presidente sucedió lo siguiente. Un señor con bigotito hitleriano, Carlos  Ostos, Lord Molécula. Apodo tal vez derivado de su insignificancia profesional o miseria personal, dijo: “Todo este trabajo realizado hace que usted sea un gigante…al renunciar usted al liderazgo de Morena Presidente, usted dejará más de cincuentena millones de mexicanos huérfanos”. (Yo estoy en el padrón de los otros millones de mexicanos que consideran su gobierno la peor pesadilla de nuestra historia). Molécula, siguió su babeante intervención: “Mis compañeros periodistas Vicente Serrano y Epigmenio Ibarra.

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Este último estima que no se le ha dado a usted el reconocimiento de gigante que usted merece, como Hidalgo, Madero, Juárez, Lázaro Cárdenas y otros muchos más…Cuando usted ya no esté, Señor Presidente, dejará unos zapatos muy grandes”. Las benditas y sabias redes sociales adornaban la lacayuna afirmación con unos zapatos, efectivamente grandes, de payaso.

Estoy seguro, en el remoto caso de que algún simpatizante del Presidente se mantenga leyendo, que de inmediato me dirán que el Presidente, aturdido por tanto elogio, ya aclaró que: “No había escuchado la denuncia y por eso no ofrecía disculpas”.

Es curioso, escuchó perfectamente y hasta felicitó a un reportero que había cumplido con una encomienda que había dado el mismo Presidente. Por supuesto que también escuchó el incienso que le quemó el del bigotito hitleriano.

Pero supongamos que realmente no oyó lo que a gritos le solicitaban en la sala, su postura ante los viles asesinatos de cinco jóvenes en Lagos de Moreno. El Presidente tampoco leyó las primeras páginas de los periódicos de ese día, en la que se informaba la masacre, y el periódico Reforma ponía una escalofriante foto en la que aparecían los jóvenes asesinados.

Nauseabunda

El suplicio de la Conferencia mañanera duró más de dos horas, no le dio tiempo para abordar la tragedia, pero sí encontró un “área de oportunidad” para hacerse el chistoso. López Obrador está sordito y cieguito, pero eso es lo de menos, es un Presidente insensible, que no tiene la menor solidaridad con la desgracia ajena.

Burlarse del dolor es una crueldad sin límites. Es no tener progenitora o tener muy poca. En forma más educada, Marcela Gómez Zalce, calificó así la actitud presidencial: “Una nauseabunda indiferencia moral”.

 

 

 

Edmundo-Álvarez-Llaca

 

El Jicote, por Edmundo González Llaca.

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